miércoles, 5 de diciembre de 2007

CHAT : con ch de chatura

CHAT: con ch de chatura (Publicado por Emagister)

No es un tema nuevo para nadie el de la incomunicación entre los miembros de esta sociedad globalizada, hipercomunicada desde el punto de vista tecnológico, pero a la vez incapaz de establecer vínculos reales y duraderos entre seres que exceden el ámbito de lo virtual y se mueven en el viejo mundo de lo real.

Estudiosos y exégetas de la comunicación observaron esta patología llamada “incomunicación” como una enfermedad de fin de siglo, último coletazo de un postmodernismo que aísla cada vez más a los individuos sociales. Hoy, que el fin de siglo ha sido sustituido por el comienzo de otro, el problema no sólo no tiende a componerse sino que, muy por el contrario, se agrava.

Empresas organizadas apuntando a la categoría “solos y solas”, bares donde mujeres y hombres atienden teléfonos situados en sus mesas para iniciar conversaciones sin enfrentar el “tête a tête”, sitios de internet que nos muestran situaciones de compañía virtuales, chats, no son más que algunos de los muchos métodos a los que se recurre en procura de una compañía.

Históricamente, la búsqueda de relaciones interpersonales seguía ciertos rituales conocidos por toda la sociedad, que se aplicaban en distintas épocas de la vida y por medio de los que la gente se encontraba. Ir a bailar, por ejemplo, era una excusa para conocer a alguien con quien, en principio, conversar. Con la suba de decibeles en la música y la propensión a utilizar tipos de danza que alejan cada vez más los cuerpos en vez de acercarlos, ese objetivo es casi imposible hoy en día.

Favorecidos por el anonimato que el ciberespacio puede otorgarles, cada vez son más los jóvenes y no tan jóvenes que recurren al chat como enlace con otros cibernautas, tan ansiosos como ellos de “chatrlar”. Pero, ¿cuál es el tipo de comunicación que propone este nuevo ritual comunicativo? ¿Acerca gente o crea relaciones enfermizas? ¿Qué tipo o nivel de comunicación puede esperarse de un código como éste?

Si tomamos como base las teorías comunicacionales más conocidas, recordaremos que el hombre tiene un lenguaje que va mucho más allá de lo simplemente lingüístico. En una interacción verbal, entran a jugar otros factores (o códigos): paraverbales, cinéticos, proxémicos, etc.

En un discurso como el originado en el chateo, se produce la ruptura de casi todas las leyes que organizan una conversación eficaz: en el plano lingüístico, la ausencia total de puntuación y la despreocupación total por mínimas reglas ortográficas tienden a formar enunciados muchas veces confusos, ambiguos y, por ende, mal interpretados. Esa lentitud en la decodificación del mensaje provoca a veces en quien recibe un fastidio por la tardanza en entender una réplica, sumada a la mala calidad –en algún caso- de la conexión. Algunos “chateadores” reaccionan agresivamente, se aburren y contestan con un nivel de enojo que es usual encontrar en estas charlas. La agresión en sí parece formar parte del ritual. Como en el chateo se supone que la pantalla oculta la identidad, puede entonces el que escribe obviar todas las pautas de cortesía de una conversación cara a cara, mostrando su verdadero yo: el del que, incapaz de hablar con seres de carne y hueso, recurre a una pantalla para que alguien le conteste, aún agrediéndolo.

Pero aunque todas las comunicaciones no tienen esta carga, sí es cierto que todas constituyen el mismo discurso estereotipado, vacío (“¿cómo sos?, ¿cuántos años tenés?”). En ocasiones, el canal se mantiene abierto durante casi media hora con este tipo de interrogatorios totalmente insípidos, pero en los que siempre se desliza una fuerte carga sexual. El “histeriqueo” parece ser la consigna y asusta bastante la presencia de enunciados que denoten un cierto nivel de inteligencia, porque castran –de algún modo- esa fantasía que la mayoría de los chateadores buscan.

Es así como internet se convierte en el paraíso de aquellos que sueñan con ser lo que no son: jóvenes, bellos, seductores, flacos, con pelo, con plata, solteros y acróbatas sexuales. Hace unas décadas atrás, un humorista argentino creó una historieta que se llamaba “Las puertitas del señor López”. El protagonista, López, tenía una vida miserable: su señora, una gorda horrenda, vivía gritándole e insultándolo. El escape de esa vida lo obtenía abriendo una puerta que siempre lo conducía a una realidad virtual donde las mujeres más hermosas lo amaban. Pero ese sueño siempre se terminaba y la vuelta a la cotidianeidad sólo le traía más frustración.

Si bien no es del todo negativo fantasear un poco (la literatura, sin ir más lejos, fue durante mucho tiempo un precioso método de evasión) la huida de la realidad que propone el chateo es tan poco sustancial y deliberadamente artificial que no hace más que ponernos más disconformes con lo que nos rodea. No estaría mal intentar el cambio de nuestro entorno, o de nosotros mismos, en vez de inventar -o pretender ser- seres que no somos.

No hay comentarios: